Soy la Docencia (y algo más)


Soy la voz que enseña en susurros,

la que repite con paciencia mil veces

el abecedario de los otros

mientras escribe en su piel

el diccionario propio.


Soy la docencia.

Pero también soy la que duda.

La que en las noches pregunta al viento

si este camino la llevará a donde sueña

o la dejará varada

en un punto suspensivo.


El miedo no me vence,

pero a veces me toma de la mano

como una hija extraviada.

Y yo, mujer, madre, esposa,

la escucho, le sonrío

y sigo andando.


He temido cambiar,

he temido quedarme.

He sentido que elegir

es dejar morir algo que fui.

Y sin embargo,

cada vez que salto

nace en mí una nueva rama.


Tengo hijos que me nombran sin palabras,

una casa que late con mi risa,

un esposo que me abraza las decisiones,

y un fuego que no cesa

de encender mapas invisibles.


Soy muchas.

Soy todas.

Soy capaz.


Y si tropiezo,

no es caída:

es pausa de vuelo.


Porque soy mujer,

y cuando dudo, florezco.

Cuando el mundo se tambalea,

yo escribo el equilibrio.


Porque soy la docencia.

Y también soy

la posibilidad infinita

de ser todo lo que aún no fui.





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