Digan la verdad, carajo



Cansa.
Cansa hondo.
Cansa hasta el hueso
la hipocresía vestida de sonrisa.

Cansa el teatro social,
donde todos aplauden
mientras se clavan cuchillos de plástico.

Cansa escuchar lo que “queda bien”
en vez de lo que es cierto.
Cansa la diplomacia vacía,
los elogios de compromiso,
las palmadas falsas
que después se limpian con desdén.

Yo ya no quiero eso.
Quiero la verdad, cruda si hace falta.
Prefiero una herida limpia
a mil vendas sucias.

Quiero gente que se banque el espejo.
Que diga “no sé”,
que diga “me equivoqué”,
que diga “esto no lo quiero”.

Quiero miradas que no esquiven.
Palabras que no edulcoren.
Gestos que no calculen.

La mentira cansa.
La pose agota.
La cobardía disfraza,
pero se huele.

Y yo ya no tengo tiempo
para los que juegan a ser sinceros.

Así que, por favor,
digan la verdad, carajo.

Aunque no sea bonita.
Aunque no convenga.
Aunque los deje solos.

Porque la soledad de los verdaderos
vale más
que la multitud de los falsos.


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