La palabra no es adorno. Es trinchera.”


“La palabra no es adorno. Es trinchera.”


Escribo porque no me callo.

Porque las mentiras sociales me dan urticaria.

Porque me hinché de la corrección política,

de las sonrisas de compromiso,

de las medias verdades que solo sirven para no incomodar.


Mi literatura no pide permiso.

No adorna el cansancio, no disfraza la bronca,

pero tampoco renuncia a la belleza.


Creo en la palabra como acto de resistencia.

Una resistencia poética, sí,

pero con los pies bien metidos en el barro de la vida real.


No escribo para halagar o entretener.

Escribo para despertar.

Para nombrar lo que otros evitan.

Para devolverle a lo humano su dignidad

en un tiempo donde la fachada vale más que la esencia.


Mi estilo es el que sale cuando la paciencia se agota

y el alma exige decir su verdad.

A veces es suave,

como quien acaricia una herida.

A veces es filoso,

como quien corta la hipocresía de un tajo.


No me interesa la perfección.

Me interesa la honestidad.

El temblor de lo que es auténtico.


Quien lea mis palabras sabrá que no vine a complacer,

sino a invitar a la reflexión,

al coraje de ser uno mismo,

a la belleza de no encajar.


Porque en tiempos de ruido y pose,

decir la verdad con poesía

es un acto revolucionario.


Y yo,

no vine a quedarme callada.





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