Si pudiera abrazar a esa adolescente que fui,
no le diría que todo va a estar bien.
Le diría que ella está bien, incluso con su confusión, su incomodidad, su miedo.
Le diría que no es anormal sentirse perdida.
Que no tiene que sonreír todo el tiempo.
Que no es egoísta por necesitar amor,
ni débil por desear ternura.
Y que un día
aunque le cueste imaginarlo
va a ser su propia red.
Va a hablar con voz firme.
Va a amar desde la elección, no desde la carencia.
Y va a criar distinto, aunque tiemble al hacerlo.
Porque todo lo que sintió,
todo lo que no supo cómo nombrar,
no fue debilidad.
Fue semilla.
Y hoy… por fin florece.
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